Como soy tan reiterativo como el resto de los humanos, vuelvo a pensar en la soledad cada vez que la siento calar mis huesos y asfixiarme con su marea de nada. Que afección tan particular, que no logro abandonar sin exponerme al castigo de la vida, y con la que pervivo, en un cíclico desmembramiento y recomposición.
En esa ausencia que me propicio, tanto hay de salud como de enfermedad. Pero básicamente, es el estado en que mejor se desenvuelve mi ser. Entre el espanto y la cobardía se mece el animo, en su búsqueda por comprender y penetrar en la realidad. Si algo me proporciona la soledad, es su alma, que me ampara de todo fracaso, de toda inspección; y quizás también, de toda posible defraudación.
En el silencio, no hace falta que hable para que el espacie explote de voces que murmuran cada cual a su turno, alguna sentencia de un pasado ya olvidado; recuerdos vivos tan solo, en esa eterna ebullición que busca en frenético avance, el deterioro de cualquier razonamiento del presente. Esta es una costumbre de mi mente, y si bien la soledad no hace mas que agravar sus llamas, es inútil, y acaso idiota, buscar el berrinche de la muchedumbre nada más que para ocultar su inexorable presencia. Esta contradicción es la base de mi parálisis. No hay en la quietud y el ostracismo un alivio; pero todo intento por apaciguarlo con ruidos y realidades, solo colabora adicionándole mas material para los espacios blancos.
Sé que el ángel que se devoró mis viejas murallas, será el recuerdo que triturará mi mente en las horas muertas que aun quedan por vivir. Sé que su cuerpo devendrá una abstracción sólida, férrea, y el peso de su magnanimidad, destrozara mi cabeza, con esos mil caminos que debí compartir, y que sin embargo, fiel a mi sufrimiento, decidí perder.
Como soy tan reiterativo como cualquier humano, indago mis llagas día y noche, escudriñando el mapa de tantas imposturas, rastreando alguna huella que me indique la dirección en la cual, mueran los enigmas. Mientras tanto, tomando baños de sombra, malgasto mi tiempo como un reo; fatigando las ventanas, elucubrando vidas que jamás tendré y escribiendo sandeces.
"no me he cansado de aquellos que me hacen bien; sino que me he cansado de defraudarlos" GAP
sábado, 3 de enero de 2009
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4 comentarios:
Egoísta!
Es posible.
Salut
Desde donde sea, siempre vale la pena leerte y comentar tu excelsa sintonía entre la forma y el contenido de tu escritura.
Acá, (y no es Argentina) ya es veinte de Enero y marca el reloj un poquito más de la una de la madrugada. ¿Viví estas horas que aún vos no viviste? ¿Las perdí por el camino? ¿Alguna vez los dioses me las obsequiaran a cambio de tanto descreimiento pero como premio a la sinceridad sobre sus inexistencias?...
Pettgus, yo también me cansé de defraudar. Tal vez, sólo tal vez, puedo perdonármelo.
Sos (y no por antigüedad) uno de mis preferidos: Sabés despojarte de esa contínua manera de omnipotencia que caracteriza a muchos.
Un enorme abrazo para vos.
Desde mis sombras (también)
Cecilia
Le agradezco mucho sus palabras, Cecilia. Siempre son bien recibidas las críticas de plumas poco convencionales como la suya. Aún cuando no creo merecerlas.
Exitos en su empresa allende los mares!
Salut!
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