jueves, 26 de marzo de 2009

La sordera del alma

He caminado mil calles que puerilmente, y en un juego que no termino de comprender, he musicalizado en mi mente. He sembrado pasos y pasos por callecitas ignotas, que queriéndolo o no, por pena o voluptuosidad, han despertado en mi la necesidad de evocar una melodía. He sido el director musical de mis paseos, deambulando torpemente por las avenidas mas concurridas. Nunca comprenderé si ello se ha debido a una secuela de mi melomanía, a la enorme cantidad de símbolos que asocio a cada composición, o si simplemente, desespero por una guía musical que me ayude a controlar con su magia, la ferocidad de esa realidad inevitable.
La música siempre ha calmado mis mareas. O las ha agitado, en una saturnal borrascosa, desordenándome, aturdiéndome placenteramente, trastornándome en su limbo, que conjuga el frenesí y la armonía.
He sido un beatle cruzando la 9 de Julio, hipnotizado por sus eternas sendas peatonales. He silbado tangos que parecían compuestos a medida para determinada situación, con gemebundos bandoneones que lloraban en cada esquina rica en pobreza. He visto volar a las palomas de Plaza de Mayo al son de Jacques Brel en una compaginación tan bella, que me ha dejado perplejo y extasiado. Y hasta podría jurar que escuchaba a aquel visceral Spinetta cada vez que leía al viejo Artaud.
Como bien decía Federico, la vida sin la música, no tendría el menor sentido. ¿Y donde esta la música hoy?. ¿Qué mantos se ciernen sobre el alma, que nos provocan tal sordera, aislándonos de esas maravillas que son el pan de nuestra supervivencia?. Es el silencio, con su implacable cortina acaso, el peor castigo al que podemos ser expuestos. Ese silencio, que solo propicia la agudización de nuestro purulento oído, para escuchar tan solo nuestra voz, vacía y llena de tormentos. Solo los truenos de la conciencia retumban en la mente, cuando las ventanas se cierran, y la sordera florece, en la dolorosa aridez de nuestro espíritu.
¿Y ahora donde esta la música?. ¿En qué lugar su placer se ha escondido?. Por mas que intente escuchar sus sones, los sonidos no se aparean, y los temas mueren sin lograr su cometido. Hoy las calles, estallan en monólogos. No hay baldosa que no se lleve un suspiro. Cavilaciones estériles, resentimientos de naftalina y diálogos muertos son la sangre de esta diaria agonía. Imagino que el Dante, al pergeñar su infierno, lo habrá pensado así, silencioso, sumido en una melodía muda que enloquece y lastima.
¿Y ahora donde esta la música?. ¿Qué región del ser se ha desplomado, llevándose con su sombra, el sol de todos los goces, la fruición de su amada compañía?. No siempre la herida demuestra su gravedad, y es el tiempo el que nos revela que aquella pequeña excoriación, vista de cerca, lleva la firma de nuestra ruina.
Hoy las calles, estallan en monólogos. Hoy solo hay vientos, que inflan sus lamentos en sigilosas diatribas. ¿Dónde diablos esta la música?, ¿dónde su hechizo, su amor y mi vida?

4 comentarios:

Casa de Los Cuentos dijo...

Hola Pettgus

Hoy estoy de paseo por la red en busca de contadores de cuentos, letras nuevas, amigos para aprender y compartir. He venido a invitarte con especial motivo para que me acompañes esta semana en que dedico a la lectura de las letras Argentinas. Espero que lo que estoy leyendo te guste tanto como a mí. Espero tu visita en mi Casa der los Cuentos, tus opiniones y comentarios. Saludos desde Mérida, Venezuela. Jabier.

Siddharta dijo...

sí señor! Me ha encantado, tanto el contenido como la forma. Nietzsche, por citar a uno de tanto que se refieren al tema, pensaba que la vida sería imposible si la música. Yo durante muchos años estuve tocando la guitarra y la armónica en la calle, con el fin de ponerle "banda sonora" a los pensamientos de todo aquel que pasara por mi lado, bueno, y aparte me ganaba un dinero,jejjeje. Un abrazo. Ánimo.

Siddharta dijo...

jajaja, perdón, leyendo otra vez "La sordera del alma" me he dado cuenta que cuando hablas de Federico es por Friedrich, lo había asociado en principio a Lorca, también escribió algo parecido, lo que hacen los "relajantes".

cleopatra dijo...

Pettgus querido:

El otro día estaba pensando que no escucho silbar por las calles.

Antes sí. Las personas pisaban notas, las maceraban y las llevaban al cielo de sus emociones y de las nuestras.

(Yo, igual, creo que en la soledad de mi casa me salvo dentro de los vivenes de las melodías)

Un gran abrazo y como siempre, excelente.