
La noche del norte se placía en musicalizar las calles con el murmullo polisémico de una brisa insomne y veleidosa. En la penumbra de Florida, algunos cuerpos deambulaban por las aceras, consumidos por el calor, dirigiéndose hacia el punto que suponen, alberga el alimento de sus calmas y ampara las heridas de esa desesperación diaria.
Eclipse de luna, cantaban los heraldos televisivos, y con una imagen clavada e inmutable de una luna que parecía mudar su apariencia, un reportero entusiasta e idiota, demostraba sus dotes de vocinglero para engalanar un hecho tan interesante como soporífero. Y afuera, en las veredas, más de un cristiano avivaba el fuego de alguna contractura manteniendo el cuello enhiesto en la contemplación de ese gran vacío que es el cielo.
Noche despejada. En la madrugada, ni los borrachos consuetudinarios se encontraban en las esquinas. Algunos comentarios dicen por allí, que las noches de eclipse guardan horas misteriosas en sus negros intestinos. Definitivamente, nada fuera de lo ordinario había ocurrido; a no ser, por esas explosiones en la juventud de la madrugada. No es extraño sentir esos horrísonos latigazos partir el silencio del descanso nocturno. La cuestión, es que en su lejanía, encierran mil dudas sobre la génesis de tales sonidos.
Truenos sin nubes, fusilamientos furtivos, balaceras recónditas, festejos de religiones desconocidas…. los estallidos viven su fugaz intensidad, y dejan tras su paso, mil despertares, insultos e incógnitas.
La noche del eclipse dejo su impronta con dos estruendos que se incrustaron en las conciencias de más de un fulano. Pero nadie salió de su casa para observar de qué se trataba. Porque quizás, fueran los gritos de algún animal increíble que los pudiera devorar junto con sus temores. Y que tristeza sería perderse el eclipse por un encuentro tan fantástico e imposible.

2 comentarios:
Seria muy interesante que posteara con mayor asiduidad.
Sería 2
Sería muy interesante que postearas mas asiduamente....
"Ella viene redonda de horizontes
viene cuajada y harta de sus mares
con la cabeza llena de serpientes
estrellando gaviotas insulares.
Se despega del vino y busca el día
quiere que le acaricien la aventura
pero como lo negro la persigue
se le vacía la boca de dulzura.
Yo no diría nada si la viera,
si la escuchara andar con pies desnudos
sobre mi vientre seco y alumbrado
cuando me deja el viento testarudo.
Pero no le he pedido que me espere
y la sombra que tengo por distante
se va de detrás como una sombra huída
y en vez de caminar sigue delante.
Díganle que estoy naciendo
que detrás de su cuerpo va el camino
que mis pies y mis naves la acarician
consumiendo la luz que arremolino.
Así la busco entera por el cielo
y le cubro de boca su cometa
y me apropio la luz de sus caderas
cabalgando su amor como un planeta.
Y ella se queda amando la manera
cómo mi boca en sol la multiplica
y aterriza su beso en mi costado
y caemos al cielo en abanico.
Y es mía su total capitanía
y es mío su aparejo de fragata
y es mía la partida y la llegada
de su ruta parcial en catarata.
Ya no queda de luna sino el beso
se desaparecieron por fortuna
las manos que impedían el incendio.
Se acabó la aventura de la luna".
Quilapayún
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