sábado, 18 de agosto de 2007

Paseos artificiales


En ocasiones, cuando mi intrincada mente se muestra reticente a callar, divago como un chiquillo, y me entrego a la creación de ideas imposibles y a la vivencia de sucesos tan absurdos, como poco factibles. Caminando por Belgrano, viene a mí un pensamiento disparatado. ¿A quién me gustaría encontrar aquí, en plana calle, para ponerme a disertar sobre la vida?. De seguro, esta es una de esas tonterías que han sobrevivido de mi niñez y que aún perdura en mi actualidad. Quizás de no ser por este tipo de delirios, ni una de mis palabras existiría. La energía que impulsa tanto trabajo inexplicable, yace en ese prurito por los juegos de la mente, y el placer que puedan generarnos al jugarlos.
¿A quien me gustaría encontrar aquí, caminando por Juramento?. Hoy, con una limpia noche de invierno, que con su esplendente luna, le regala una pequeña luz a cada adoquín de la calle, pienso que sería muy agradable encontrar a Baudelaire. Lo vería seguramente, detenido en una esquina, con esas marcas en su rostro que solo un dolor sincero e inescrutable pueden estampar. ¿Tendría ganas de hablar el poeta?. Imagino que no, pero de todas formas, buscaría la manera de romper esa cerrazón, y establecer un dialogo. Ahora, ¿Por qué Baudelaire?. Porque siempre tuve una cándida admiración por su forma de ver el mundo, y sobre todo, por esa increíble destreza para traducir lo que el dolor significaba. Sin dudas, encontrarse con Baudelaire, es encontrarse con un hombre contrariado fatalmente, sin posibilidad de hallar subterfugios a su tristeza, encerrado en una vida de pesares que finalizó por aceptar como las columnas de su póstuma magnanimidad.
Caminaríamos unas cuadras, despotricando contra el universo por su incomprensible imperfección, compitiendo lealmente por demostrar la mayor capacidad de pesimismo, e intercambiaríamos luego, nuestros más preciados tesoros del arcón de las frustraciones. Y él en algún momento, me hablaría sobre el amor. Me contaría, con un perfume de vacío en su mirada, aquello que esa extraña materia destila del espíritu; me hablaría sobre las explosiones magmáticas que provoca en el interior del cuerpo, y el ardor que puede experimentarse, cuando el corazón se cuece solo, bajo esa lava, al extender sus brazos a la nada. ¡Oh, Baudelaire!, de cuantas penas, resignaciones y humillaciones me hablarías, si pudiera encontrarte aquí, para compartir unas calles y combatir el tedio de esos momentos en los cuales, tenemos que movilizarnos.
La parada del colectivo es el final de mis monólogos caminantes, y el comienzo de los monólogos de viaje. En la esquina diviso a un hombre. Perdido en la noche, me inflige su obstinada mirada. ¿Qué cosa estará haciendo allí, tieso y silencioso en aquella encrucijada?; ¿Estará también esperando por un espectro para poder olvidarse un poco de sí, hundiéndose en charlas imaginarias?; ¿Será acaso, el mismísimo Baudelaire, mirando ansiosamente para todos lados, esperando por Jeanne y escapando de sus acreedores?.
No lo sé. La única seguridad que amparo, es la de tener una mente que demuestra una reluctancia avasallante al silencio, y que me empuja todo el tiempo a recordar cosas que no deseo, y a inventar otras para poder distraerme.
El ómnibus se alejó, y la persistente mirada del extraño en la esquina, me siguió mientras fui perceptible. Allí se quedó, consumiéndose en la oscuridad, vaya uno a saber, presa de qué lúgubres pensamientos.

7 comentarios:

Bocio dijo...

La única seguridad que amparo, es la de tener una mente que demuestra una reluctancia avasallante al silencio, y que me empuja todo el tiempo a recordar cosas que no deseo, y a inventar otras para poder distraerme.

que final del juego!!!!
saludos,

Gala dijo...

Yo no sé si habrás de encontrarte a Baudelaire, y aunque haya que salvar grandes diferencias, imagináte vos que me hayas cruzado a mí por las calles de Belgrano...?
Todos los días cruzo la plazita de Amenábar y Mendoza a las 10.15 de la mañana, me buscás?

Anónimo dijo...

molto interessante ,veramente, un goiello, complimenti....

Anónimo dijo...

Hace mucho tiempo que sigo tus notas...la verdad es que nunca me habia animado a dejarte un comentario...pero, esta...me parecio tan buena que tome valor y lo hice...
Pettgus,cual de todos estos personajes sos vos en realidad?...dudas que una tiene, viste?

... dijo...

Realmente me sorprende que un antro virtual, pueda generar tamaña tertulia de soledades.
Desde ya, agradezco muchisimo los comentarios, quizás, hasta inmerecidos.
Mr Watson, se acepta con agrado el destacado. Más viniendo de un blogger de trayectoria, y con ojo fotográfico.
Gala, se agradece su excéntrica presencia en este humilde blog.
Van Exel, vi ringrazio i complimenti; forse, mi sembrano un po troppo. Spero ritrovarvi spesso per queste posto.
Purpura, celebro sus agallas. Por otro lado, !qué pregunta me hace!.Digamos, con cierta liviandad, que yo soy lo que ud conoce de mi.
Peirce decía: "el hombre es un signo".
Salut señores!

Anónimo dijo...

¡Cuánto Benjamin! Lindas reflexiones de un solitario en la multitud de la gran urbe.

Mis saludos, flâneur...

... dijo...

Salut bibliotecaria, y bienvenida a esta maratón de naufragos...