jueves, 2 de agosto de 2007

Persistencia del "Flaco"


El gorjeo artificial del timbre atrapó a mis sentidos en plena tarea de escritura. Admito que ese tipo de fortuitas interrupciones, me exasperan al punto de convulsionar mi mente y abrir la puerta de mi mayor predisposición a la discordia. Lo interesante de la vida se encuentra las más de las veces cuando se lo busca o cuando nos sorprende, pero casi nunca cuando viene a nuestra puerta a tocar el timbre.
La simiesca persona de un familiar del “flaco”, mi difunto amigo, aguardaba tras la puerta, dispuesta a exhalar algún discursillo previamente masticado con miras a recibir mi aquiescencia en relación a alguna empresa definitivamente poco beneficiosa para mi. Así fue siempre. Entre la atolondrada argamasa de palabras que farfullaba este símil humano, pude comprender que me traía, como obsequio, agradecimiento o condena, no lo sé, un baúl con las pertenencias literarias del finado. ¿Para que lo quiero yo?, fue mi única intervención sonora en ese encuentro desagradable. Visto y considerando que mi pregunta giraba por los abandonados pasillos mentales de mi interlocutor, rechacé toda negación y acepté ese bártulo maldito. Sin dudas, lo hice más para complacer a mi sosiego, que para tomar seriamente ese ofrecimiento que se me estaba haciendo.
A la retirada del encubierto homínido, me dispuse a continuar con mis elucubraciones, pero abrumado ahora por la presencia del baúl. ¿Qué diablos haré con tamaño armatoste?, pensé, mientras lo miraba allí, en medio de la sala, disturbándome a la distancia. Ese baúl no solo estaba ocupando un lugar en mi humilde inmobiliario, sino que también, estaba con su enorme imagen, molestándome en el plano de mi pensamiento.
Finalmente, descartado todo posible ataque de amnesia fulmine, me dirigí al baúl, para ver qué demonios contenía, y despejarme al menos, de esa súbita ofuscación.
Cuentos, cartas, dibujos y sinopsis de miles de pensamientos se hallaban en su intestino. En primer instancia, pensé en quemarlos, pero luego deduje que por alguna razón el “flaco” no lo había hecho. Sería para fastidiarme desde el más allá, imagino. ¿Es que acaso pretendió que yo me convierta en su albaceas?. Si bien es cierto que gran cantidad de esos manuscritos fueron compuestos en conjunto, que algunos de sus escritos tiene arreglos de mi propiedad y que nuestros estilos se asemejaban por las coincidencia de raíces, el hecho de tener que hacerme cargo de sus delirios literarios me parecía un abuso de su parte. Porque si al menos el esperaba que yo deviniese un Max Brod, él antes debería haber sido un buen Kafka.
Ojeando viejas obras del desaparecido, me senté sobre el baúl; y pasé unas horas allí, recordando los momentos exactos en los cuales peleábamos por una palabra poco armónica con el relato, el consiguiente debate para su reemplazo, y las batallas de sentido que esto desencadenaba.
Y la pregunta retorna a mi constantemente: ¿Para qué escribíamos?. ¿Con que sentido perdíamos tantas horas en la confección de obras que nadie nunca leería con el interés que quién sabe, tal vez merecían?. ¿Qué exótica desesperación nos exhortaba a hacerlo, y qué dilación ocultaba tanto esmero?. ¿A qué verdad rehuíamos, quitando la mirada de la ventanilla del tren de la vida, para concentrarnos en la observación de los elementos estáticos?. ¿De qué sirvió tanta vivisección de los personajes y diálogos de ese pasaje mediocre, pletórico de miserias y mentiras?. ¿Para qué que lo hago aún, querido “flaco”?, si tu ejemplo me demuestra que no puedo encontrar una solución a este enigma utilizando la razón.
Cerré el baúl, y deserté de mi tarea artística, puesto que mi mente se había fagocitado de ideas y recuerdos que ahora tan solo entorpecerían toda operación creativa. Aún siendo ésta, de pobre manufactura.
Prendí un cigarrillo y me recosté a mirar el techo. Reconocía allí arriba, todas las constelaciones que la humedad había dibujado con paciencia y pereza. La cara del muerto se me aparecía en la mitad de ese pequeño firmamento. “Flaco –dije- algo haré con tus papeles e ideas, pero el baúl se irá hoy mismo”.

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