
¡Ha llegado la primavera!
¡Oh, primavera, estación poética!. Buenos Aires te recibe hoy con 13 grados y un viento capaz de pelar, sin mucho esfuerzo, la cabellera de los árboles.
Han pasado apenas unos días del cambio de la estación. Los festejos insufribles han tenido lugar en casi todos los espacios verdes de la ciudad. Y como corolario y evidencia de tales festividades, un basural impresionante se cierne por toda la fisonomía urbana, para el orgullo de una comunidad indolente, y el aplauso de las agradecidas ratas.
¡Oh si, grandes bacanales han acontecido!, plenas de un júbilo de incierto origen y sospechosa justificación, las fiestas juveniles han apabullado a la ciudad, que contenta, veía con sonrisa descompuesta, el desparpajo de tan absurdo festín. Afanados por ese mínimo permiso para esconderse de las miradas correctivas, los jóvenes ha salido ha cantar sus panegíricos a la estación del amor, embriagándose con vino de ramplón, y haciendo cuanta obra de arte pudiera pergeñar el cerebro de un badulaque.
¡Oh, retoños de mi pago!, que inmunda ternura me nace al verlos gozar de tal libertad, bajo la égida de esa ignorancia tan necesaria, que la juventud y su falta de responsabilidades le entrega a los adolescentes para no desear la muerte a temprana edad.
¡Oh, ángel de lo pueril!, cuida a estas criaturas inermes, puesto que con este cariño que poseen por las conductas gregarias y sin fundamentos, harán de si mismos, intachables ciudadanos del futuro; perfectos engranajes para un sistema de idiota complejidad.
¡Oh, primavera, estación fraternal!, entre tanta flor, salutación y pose, ¿Podrá tu hechizo apagar tanta angustia y decepción, ante una realidad que parece no estar al tanto de tu invento?, ¿Podrá tu mágico polen, endulzar las agrias flores que adornan los corazones de aquellos que desesperan?.
¡Oh, malévolo sarcasmo!, qué no daría para desterrarte de mis dedos. Pero claramente ves que la contemplación de algunas manifestaciones sociales, me obligan a utilizarte, como la herramienta por antonomasia para su descripción.
¡Oh primavera!, ¡Oh, construcciones de nimia felicidad!
Mientras escribo, oigo tu llanto...
y enloquezco pensando la pósima que se lleve...
de una vez por todas...
ese tormento que se ha ensañado contigo...
¡Oh, primavera, estación poética!. Buenos Aires te recibe hoy con 13 grados y un viento capaz de pelar, sin mucho esfuerzo, la cabellera de los árboles.
Han pasado apenas unos días del cambio de la estación. Los festejos insufribles han tenido lugar en casi todos los espacios verdes de la ciudad. Y como corolario y evidencia de tales festividades, un basural impresionante se cierne por toda la fisonomía urbana, para el orgullo de una comunidad indolente, y el aplauso de las agradecidas ratas.
¡Oh si, grandes bacanales han acontecido!, plenas de un júbilo de incierto origen y sospechosa justificación, las fiestas juveniles han apabullado a la ciudad, que contenta, veía con sonrisa descompuesta, el desparpajo de tan absurdo festín. Afanados por ese mínimo permiso para esconderse de las miradas correctivas, los jóvenes ha salido ha cantar sus panegíricos a la estación del amor, embriagándose con vino de ramplón, y haciendo cuanta obra de arte pudiera pergeñar el cerebro de un badulaque.
¡Oh, retoños de mi pago!, que inmunda ternura me nace al verlos gozar de tal libertad, bajo la égida de esa ignorancia tan necesaria, que la juventud y su falta de responsabilidades le entrega a los adolescentes para no desear la muerte a temprana edad.
¡Oh, ángel de lo pueril!, cuida a estas criaturas inermes, puesto que con este cariño que poseen por las conductas gregarias y sin fundamentos, harán de si mismos, intachables ciudadanos del futuro; perfectos engranajes para un sistema de idiota complejidad.
¡Oh, primavera, estación fraternal!, entre tanta flor, salutación y pose, ¿Podrá tu hechizo apagar tanta angustia y decepción, ante una realidad que parece no estar al tanto de tu invento?, ¿Podrá tu mágico polen, endulzar las agrias flores que adornan los corazones de aquellos que desesperan?.
¡Oh, malévolo sarcasmo!, qué no daría para desterrarte de mis dedos. Pero claramente ves que la contemplación de algunas manifestaciones sociales, me obligan a utilizarte, como la herramienta por antonomasia para su descripción.
¡Oh primavera!, ¡Oh, construcciones de nimia felicidad!
Mientras escribo, oigo tu llanto...
y enloquezco pensando la pósima que se lleve...
de una vez por todas...
ese tormento que se ha ensañado contigo...

7 comentarios:
Pettgus, la mejor primavera esta por venir!...vendra?
Tal vez, solo tendremos que esperar...
Cada ciclo tiene un fin... pero hay ocasiones que no lo vemos asi.... llegaran primavera, verano, otoño, invierno; y todo en un ciclico ir y venir, el dolor se instala mientras cada uno lo queramos. Cuantos mas esperar?
T.A.M
The spring always is beautiful!!. The flowers give life to town.
See you.
Itzxochitl, tanto tiempo!!
es muy interesante el punto de lo ciclico. ¿Será tambien la espera, una cuestion que no puede dejar de ser cíclica?
el temor y el conformismo, son un nutriente esencial para la salud de la interminable repeticion de los ciclos.
Enric, strange point of view.
Respectable, anyway.
Flowers, just flowers...
and no balcony.
Jacqui, a veces se espera, y se desespera. En otras, se espera, y se adormece.
Quizás, si uno puede mantener ese nivel de ilusión...puede salir a buscar a la primavera.
Y en todo caso, inventársela.
Vaya mundo el que nos tocó en suerte!
Salut, señores!
Soy mujer de pocas palabras...excelente tu blog!
que bueno Marta, que de tu laconismo pueda quedarme con tal alabanza. Sin dudas, muy generosa.
Salut!
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