jueves, 19 de julio de 2007

Postales: un paseo por el puente de Liniers


Serían las seis de la tarde, y yo me encontraba cruzando el puente de Liniers. Esta construcción, que tantas veces oyó el tenue gemir de mis pasos, tiene una enorme carga simbólica para mí. ¡Sí!, es tan solo un puente, pero recorrerlo me fustiga la mente con remembranzas e imágenes de mi niñez. Pero ése no es el tema.
El puente se alza sobre las vías del ferrocarril Sarmiento. Sus entrañas, guardan el eco de millones de pensamientos. Miles de personas lo cruzan a diario, para dirigirse a sus trabajos, rumiando ideas inconclusas, pesares, proyectos ciclópeos o simplemente, recuerdos de la infancia.
Las estaciones de tren tiene esa cualidad manifiesta, de mostrar sin prejuicios, la cara más visible de las miserias de la ciudad. ¿Por qué la gente adopta sin miramientos este medio de transporte?. Quizás por la liviandad de su costo; quizás por su diligente marcha; o tal vez, por el morboso objeto de viajar en la más calurosa fraternidad, compartiendo un hacinamiento bochornoso, lleno de miradas, hedores y manoseos.
Pero no solo en los vagones se divisa la impronta de la mishiadura. En todo el perímetro que circunda a las estaciones de tren, se puede percibir ese aire marginal, esa melancolía grasosa y el desarreglo habitual de aquellas zonas que nacieron para albergar un cuerpo vulgar, y un espíritu ramplón. La chapucería esta a la orden del día. Una argamasa de negocios multiformes, se aprieta contra las vías del tren, como bochincheras garrapatas prendidas de una serpiente con perlesía. La abigarrada existencia de esta hilera de puestos, aparejados con la más exquisita ordinariez, tiene al menos para una gran parte de la población, una influencia nociva. Son deprimentes, opacos y por lo más, mugrientos. La sensación de sentirse indigno de esas calles, ofusca a quienes, por necesidad, deben transitarlas. ¿Por qué en todas las estaciones se da el mismo y lamentable espectáculo?. Misterio...y constantes de la pobreza.
Seguía mi corto paseo por el puente, divisando desde la altura, las ingentes cantidades de basura que adornaban el indiferente reposo de los durmientes. Mentes ausentes y entrecejos atrabiliarios, se aparecían delante de mí, para tener esa fugaz existencia en mis pupilas. ¡Sí!, en las calles nos topamos con tantos encuentros similares. ¿Cómo es posible que con tan efímera cita, nos generemos tal cantidad de ideas y juicios?. Desde el humor al espanto, mi mente se veía asaltada por la catarata de imágenes que le propiciaban los casuales transeúntes. Rengos, bizcos y travestis, desfilaban por esa lóbrega pasarela. Algún asesino, algún pedófilo, ricos, pobres, pobres, pobres....
A mitad de camino, y como no podía ser de otra manera, vi esa postal infaltable en este mundo: los chicos de la calle. Unos niños, andrajosos y de certera indigencia, jugaban a insultar a quienes se les acercasen. Alguno de ellos, con un cigarrillo en la mano, jugaba a ser el más experimentado de todos. Alguno de ellos, aspirando una bolsa de pegamento, jugaba a no tener futuro, por carencia de presente e inexistencia de pasado. ¿Por qué en todas las estaciones se da el mismo y lamentable espectáculo?. Misterio...y constantes de la pobreza.
Ya en la salida del puente, con la indignación al dente, choqué con unos trabajadores, que portando unos bolsos enormes, se jactaban de tener una total falta de consideración para con el prójimo. Sumado al hecho de movilizarse en manadas, el exceso de poder los hacia sonreír extasiados. Al menos, el que tenia más dientes, parecía hacerlo. Disfrutando de ese momento de gloria, a golpes, risas y empujones, se dirigieron hacia el andén. Y ya el puente había quedado atrás.
Ahora lo divisaba desde la vereda. Su vientre parecía no descansar nunca, acosado por un tráfago que solo la noche hacía menguar. La calle estaba abarrotada de personas esperando los autobuses. Entre ellos, miles de vendedores ofrecían sus pedestres mercancías, con tal pasión, que más de uno se ensartaba en la adquisición de un producto de conveniente precio y sobrada ineficacia. Y todo era una locura, un malestar, una incomodidad.
Y así me fui alejando. Y el puente de Liniers, con todo ese mundo que lo rodea quedó allí, funcionando como siempre. Plagado de peatones, de recuerdos y panfletos, en una existencia subyacente, que daba la impresión de no recibir mella del paso del tiempo, los gobiernos y las eras. ¡Qué sensación más ambigua me nace cuando cruzo el puente de Liniers! Esa imagen de mi niñez, chocará ahora, y para siempre, con el asco del presente. ¡Cuánta realidad se puede sentir en las estaciones del tren!. ¿Por qué en todas las estaciones se da el mismo y lamentable espectáculo?. Misterio...y constantes de nuestra idiosincrasia.

2 comentarios:

EL EQUIPO DEL BLOG. dijo...

Hola Pettgus: queremos avisarte que nos permitimos extraer algunos párrafos de tu nota sobre el puente de Liniers, para ponerlo en nuestra nota que hicimos a su respecto en nuestro blog, cuyo link es:
http://liniersasinotequeremos.blogspot.com
La misma será publicada en el transcurso de los próximos días. Citamos la fuente como es nuestra costumbre, a la vez que te invitamos a ver nuestro blog, opinar en el mismo, obviamente dejar el comentario que quieras si así es tu deseo como así también, a participar de algunas de las campañas que estamos llevando adelante. Muchas gracias. EL EQUIPO DEL BLOG.

... dijo...

Visto y considerando que respetan las buenas maneras y protocolos (llamese aviso previo, fuente) y que hacen un blog con un compromiso social, solo me resta decirles que es muy grato saber que me han tenido en cuenta, que es un honor para mi que hayan puesto interes en una de mis humildes notas y que pueden citar tranquilamente.
Adelante con los faroles muchachos!
Salut!